El peor concurso de mi vida

Hoy se estrena Sobera con "Atrapa un millón", en Antena 3, y anda haciendo entrevistas por todos los medios de comunicación, para promocionar el nuevo formato. De tanto verle, no he podido evitar que me hayan venido a la memoria mis nefastos recuerdos de cuando tuve la desdicha de encontrármele de frente, en medio del plató de "¿Quién quiere ser millonario?", también en Antena 3.

No tengo ninguna duda cuando afirmo que aquel encuentro supuso para mí la experiencia más desagradable e ingrata dentro de mi periplo concursero; vamos, el programa en el que peor lo pasé, tanto durante su grabación como durante los meses siguientes a la misma, que incluyeron tener que ver la grabación en casa, aguantar los comentarios de los conocidos y no dejar de darle vueltas al asunto...

Sin embargo, como cantaba Shakira, lo hecho está hecho y no se puede volver el tiempo atrás. Aquel día de octubre del año 2005 parecía que había conseguido por fin uno de mis sueños como concursante: salir al centro en el concurso "¿Quién quiere ser millonario?". Para ello, para conseguir vencer en la pregunta de acceso, me había preparado a conciencia durante mucho tiempo. No quería que me ocurriera lo de años atrás, cuando coincidí con Enrique Chicote. Entonces me había preparado la estrategia a seguir si conseguía salir al centro. Pero me quedé fuera. Así que ahora quería que fuese diferente. Había que acceder al centro costase lo que costase. Para ello, hasta me había fabricado un aparato casero de pulsador, igual que el usado en el programa, sólo que de "mentira", hecho con una caja de cartón y unos botones pegados a ella. Y me había escrito cincuenta preguntas en el ordenador, para practicar en el complejo arte de ordenar las respuestas a la mayor velocidad posible. Al final, dio resultado: conseguí salir al centro. Pero una vez allí, en mitad de todo, envuelto por el público, las cámaras y esa música intrigante... me bloqueé. También ayudó bastante el hombre de las cejas flexibles, ese Carlos Sobera que con sus paradas y sus aceleraciones consiguió sacarme de mis casillas...




Parecía mentira: todo un experto concursante nervioso como un verdadero principiante. ¡Cómo deseaba llegar "vivo" al final de ese programa! Me hubiera valido para conseguir el sosiego necesario. Y después, en el de continuación, habría sido capaz de dar el todo por el todo. Pero no, allí seguía y el programa no terminaba. Había pasado del tirón de estar entre los diez hasta el mismísimo centro. Y hasta la pregunta séptima sólo había tenido que tirar de culturilla. Pero ahora había que pensar; sólo mínimamente, pero pensar al fin y al cabo. Algo para lo que no estaba capacitado en ese momento. Porque la pregunta que aparecía en el monitor se podía contestar de muchas formas: con lógica, con sentido común o con algo de perspicacia. Y aún me quedaban los tres comodines... pero había que tener algo de frescura mental para poder manejarlos...




Y al final, tiré todo mi esfuerzo por la borda. Nunca mil euros pudieron tener un sabor más amargo...

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